domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 26: Adiós Marina


Capítulo XXVI
ADIÓS MARINA
Jack corría hacia Asbel con un grito de furia. Estaba cegado por la rabia y la ira era lo único que albergaba en su corazón en aquellos momentos. Tras ver al espadachín herir de gravedad a Marina, el mago ya no dudaba en atacar al que había sido una vez su antiguo amigo y compañero de grupo. Durante muchos años había luchado contra Asbel en los entrenamientos, ambos para mejorar y hacerse más fuertes, pero en aquel combate los dos se jugaban mucho más, se jugaban la vida. En esa lucha a muerte ambos se enfrentaban en serio, dando lo mejor de sí mismos, y siendo enemigos. En aquella ocasión, la amistad que los unía tiempo atrás iba a ser puesta a prueba.
Con su bastón mágico, Jack lanzó el ataque mágico Piro contra su rival, cuya ofensiva esquivó Asbel fácilmente. El impacto fallido provocó una pequeña explosión, seguido de una enorme humareda que cubrió todo el templo. El mago se detuvo frente al humo, y mirando en todas direcciones gritó furioso:
- ¿¡Dónde estás!? ¡¡Sal y da la cara!!
El espadachín oscuro apareció de repente de la humareda, con la velocidad de un peligroso felino y amenazante con su espada. Para cuando Jack se giró y lo vio, Asbel le golpeó con tanta fuerza con el puño de su arma en el estómago que el mago no pudo evitar escupir sangre de su boca.
Inmovilizado por tan repentino ataque, Asbel aprovechó el momento para propinarle rápidamente otro golpe brutal con el acero de su espada a Jack, que lo envió volando por los aires un poco más lejos y acabó rodando por la hierba, fuera del templo:
- ¡¡Jack!!- exclamaron los dos jóvenes.
Eduardo y Erika no estaban dispuestos  quedarse parados, tenían que ayudar al mago. No les importaba luchar contra un antiguo compañero sabiendo que éste había atacado a dos de sus amigos. En aquellos momentos no había vínculos de amistad entre ellos, y en el caso de Asbel, nunca habían existido. Ahora el espadachín era un miembro más de la organización Muerte, y como tal, se había convertido en otro enemigo más para ellos:
- ¡¡Toma ésta, Asbel!!
Erika lanzó otro hechizo mágico contra él, una magia elemental de nivel superior adquirida a base de esfuerzo en sus entrenamientos. Su rostro y el de Eduardo palidecieron al ver que su oponente extendió un brazo con la palma de la mano abierta, y como si de una ligera brisa se tratara, frenó e hizo explotar el ataque de la joven. Una extraña barrera protegía de los hechizos mágicos a Asbel:
- ¿¡Pero qué…!?- exclamó Eduardo, perplejo.
- ¡¡Lleva puesto el hechizo escudo!!- dijo Erika, también sorprendida.

El espadachín se giró a ellos y los miró con sus ojos envueltos en oscuridad. Permaneció unos segundos en silencio mientras los miraba con indiferencia. Los dos jóvenes supieron, a través de su mirada y vuelta de nuevo hacia Jack, que el enemigo los infravaloraba. No los consideraba una amenaza para él:
- ¡¡Ataquémosle entonces con fuerza física!!- propuso el chico.
- ¡¡Entendido!!- exclamó ella a su vez- ¡¡vamos a por él!!
Los dos jóvenes corrieron de nuevo hacia su enemigo e intentaron golpearle con sus armas. Inesperadamente, Asbel detuvo sus ataques con una facilidad asombrosa, como si de aquello fuera un simple juego de niños. Su cara no mostraba signos de esfuerzo ni cansancio por el bloqueo. Ni siquiera le había cambiado la expresión del rostro, mientras que ellos se mostraban sorprendidos al tiempo que les temblaban las manos intentando hacer retroceder sin éxito al enemigo:
- ¡¡No…no puede ser…!!- pronunció la chica, casi sin palabras.
- ¡¡No es posible…!!- balbuceó él, también perplejo.
Ambos palidecieron cuando, tras unos segundos de profunda tensión e intriga, el espadachín oscuro se dignó a mirarlos. Sus ojos y voz amenazantes les hicieron temblar todavía más al decir:
- Pobres mocosos… ¿Tan pronto ansiáis la muerte?
Lo que ocurrió después sucedió tan rápido que los dos jóvenes ni siquiera  tuvieron tiempo para reaccionar. Asbel apartó las armas sagradas de las manos de Eduardo y Erika como si fueran juguetes, y rápidamente atacó con el filo de su espada hacha. En cuestión de segundos atravesó con ella un costado de la chica y otro hombro del chico, mientras ambos gritaban de dolor al sentir la sangre brotar de sus heridas:
- Ya me ocuparé de vosotros más tarde, ahora tengo una cuenta pendiente con Jack.
Aturdidos por el dolor, Asbel provocó una onda expansiva oscura con su espada, que empujó por los aires y lejos a los dos jóvenes, hasta caer en la hierba, malheridos:
- ¡¡Eduardo, Erika!!- gritó el mago, un poco más lejos.

Los dos jóvenes lograron levantarse con esfuerzo. A pesar de sanar levemente sus heridas con la magia cura, aún sentían mucho dolor. Temblaban y no movían sus extremidades con total agilidad. Levantaron la mirada y vieron al espadachín formar con un gesto de la mano ante ellos un siniestro agujero oscuro. Eduardo podía sentir algo maligno provenir de su interior, y Jack se dio cuenta de lo que pretendía hacer su enemigo:
- ¡¡Asbel, esto es entre tú y yo!!- gritó el mago- ¡¡Déjalos a ellos en paz!!
El espadachín parecía no escucharlo. Seguía en el proceso de creación y desarrollo del agujero oscuro con el gesto de su mano y el brazo extendido:
- Me aseguraré de que nadie nos moleste o interrumpa como la última vez- dijo Asbel, que por fin había terminado el proceso- aquí tenéis algo para entreteneros, elegidos de la profecía.

Eduardo y Erika observaron horrorizados cómo crecía una gran oscuridad frente a ellos. Retrocedieron y palidecieron al contemplar cómo surgía una enorme y terrorífica criatura deformada. No tenía manos ni pies, y su cuerpo completo era un asqueroso amasijo de carne deformado que inspiraba repulsión. Parecía un monstruo sacado de una película de terror:
- ¿¡Qué…qué es eso!?- preguntó el chico, horrorizado.
Sin darles tiempo a reaccionar, el monstruo atacó a los jóvenes con sus dos brazos con forma de tentáculos. Ambos esquivaron por los pelos el primer ataque, pero Eduardo no pudo con el segundo. Las extremidades de la criatura eran rápidas, a diferencia del pesado cuerpo que componía su torso, y caminaba lentamente.
En medio de la tormenta de tentáculos, Erika y Eduardo retrocedían poco a poco hasta alejarse de la plaza central de la ciudad. A pesar de tratar de esquivar y bloquear los ataques de la criatura, los dos recibían numerosos golpes letales de los tentáculos que los herían y agotaban cada vez más.

Llegó un momento en que Eduardo no pudo reaccionar a tiempo, y un nuevo golpe brutal de un tentáculo lo lanzó disparado hacia una columna cercana a una casa en ruinas. Todo a su alrededor terminó de desplomarse por completo y el chico desapareció bajo los escombros:
- ¡¡Edu!!- gritó Erika, al ver a su amigo en peligro.
La chica advirtió otro ataque del monstruo, y lo esquivó por los pelos tirándose al suelo. Jadeando del cansancio y dolorida por la sangre que brotaba de sus heridas, trató de levantarse de nuevo. Antes de ponerse en pie, un nuevo golpe de la criatura la empujó violentamente contra la pared derruida de una casa cercana, cuyo impacto por la espalda la hizo gritar de dolor y vomitar sangre por la boca.
Sin apenas fuerzas, la joven logró apoyarse en la pared de su retaguardia, y miró respirando entrecortadamente al monstruo que a lo lejos se acercaba lentamente a ella:
- Ya estoy harta…- dijo la chica, sosteniendo la vara mágica con fuerza- ¡¡A ver qué te parece esto!!
Con su arma sagrada, la joven conjuró un ataque mágico elemental que salió disparado al enemigo:
- ¡¡Hielo+!!
Su rostro reflejó miedo y horror al observar que los cristales de hielo no le hicieron ningún rasguño a la criatura. Ésta continuaba su paso hacia ella como si nada le hubiera afectado:
- ¿¡Pero qué…!?- exclamó la chica, horrorizada.
Cuando estuvo en su zona de alcance, el monstruo contraatacó nuevamente con sus tentáculos mediante una serie de golpes rápidos. Antes de que la alcanzaran, Erika corrió a internarse por entre las calles de la ciudad olvidada. Su miedo crecía por segundos al sentir que la criatura la seguía detrás de ella, destrozando las casas que encontraba a su paso, y que le pisaba peligrosamente los talones.
Palideció por completo al meterse en un callejón y, en el fondo, encontrar una enorme pared de muchos metros de altura. No había puertas ni ventanas a ambos lados de ella:
- ¡¡Mierda!!- exclamó- ¡¡no hay salida!!
Se dio la vuelta y, antes de poder mirar al monstruo a la cara, recibió un brutal golpe de uno de sus tentáculos que la hizo atravesar y romper la pared que tenía detrás.

Completamente exhausta y agotada, y la sangre brotando de sus heridas, la joven logró ponerse en pie con esfuerzo. Cuando levantó la vista al enemigo, el miedo la invadió al contemplar cómo uno de sus tentáculos se había transformado en una especie de cañón, que estaba acumulando energía en ese momento:
- ¿¡Pero qué…qué es lo que eres!?- dijo la chica, pálida.
Sabía que era inútil tratar de escapar, pues aunque quería sus extremidades no le respondían. Conjuró rápidamente el hechizo escudo y cerró los ojos mientras se protegía con la vara mágica delante de ella, antes de recibir de lleno el ataque del monstruo.

Mientras se producía la dura lucha entre la criatura y los dos jóvenes, algo llamó la atención del mago, que estaba tirado en el suelo tratando de recuperarse. Una increíble explosión de gran altura y alcance se produjo en una parte de la ciudad, muy alejada de su posición. La explosión abarcó varios kilómetros y destruyó todas las casas en ruinas que había a su alrededor. Jack supo que por aquella zona la chica estaba luchando contra el monstruo de oscuridad:
- ¡¡Erika!!- gritó el mago, horrorizado.
Asbel se encontraba de pie, frente a él, y con su espada hacha en la mano:
- Es inútil…- respondió el espadachín, con indiferencia- a estas alturas ya debe de estar muerta.
Jack se levantó, apretando los puños y dientes, mientras miraba a su enemigo con furia y rabia en sus ojos:
- ¿Qué es esa cosa?- preguntó serio y amenazante.
- Un intento fallido de alcanzar la perfección.
- ¿¡La…perfección!?- exclamó el mago, incrédulo- ¿¡De qué hablas!?
Asbel sonrió con malicia y volvió a hablar:
- Con el paso del tiempo y los años, absolutamente todos los seres vivos tratan de evolucionar, de hacerse mejores y más fuertes en todos los sentidos…con el objetivo de alcanzar el poder, la supremacía ante los demás, la razón y la supervivencia…en pocas palabras, tratan de alcanzar la lejana e ilusoria perfección.
Jack escuchaba, perplejo y asombrado, las palabras de su enemigo:
- La organización Muerte ha conseguido, después de muchos intentos y fracasos, llegar a dicho límite, nunca antes alcanzado por la humanidad…- explicó Asbel, que luego mostró el sello maldito que tenía en su cuello- lamentablemente, sólo unos pocos elegidos de corazón oscuro podemos disfrutar de su poder.
El mago entendió lo que quiso decir su enemigo, y palideció de repente al descubrir la terrible y oscura realidad:
- ¿¡Ese monstruo…lo habéis creado vosotros!?
Al fijarse mejor en el rostro deforme y en los tentáculos, Jack recordaba haber visto varios dedos y una nariz mezclados entre el enorme amasijo de carne:
“¡¡No puede ser!!”- exclamó Jack en su mente- “¿¡Ese monstruo…era humano!?”

- Los genes de Ludmort no admiten ni un solo atisbo de luz…- comentó Asbel- el corazón de ese pobre infeliz parece que estaba lleno de vida y felicidad…una lástima, no era digno de alcanzar la perfección.
- ¿¡Qué has dicho!?- repitió el mago, atónito- ¿¡Los genes de Ludmort!?
El espadachín oscuro rió por lo bajo, y continuó hablando con una sonrisa maléfica:
- ¿No lo recuerdas? Hace quince años, cuando Limaria también estaba siendo amenazada por el ser supremo, cayeron en el mundo varios trozos semejantes a pequeños asteroides. Esos diminutos meteoritos, desprendidos del cuerpo principal, provocaron desastres naturales en todo el planeta…y la muerte de miles de inocentes.
El mago viajó en su mente quince años atrás, y recordó en ese momento aquella época de terror y oscuridad. Por aquel entonces era tan sólo un niño de diez años, débil y asustado. Recordó los terribles momentos que pasaba durante los temblores de tierra y los terremotos, mientras oía a sus padres y su mentor Mirto hablar de las últimas noticias sobre las inundaciones, los volcanes en erupción, los huracanes y las tormentas que asolaban Limaria. Sin duda, aquellos trágicos sucesos no hacían más que demostrar una pequeña parte del poder de Ludmort, y conformaban una época oscura que acabó con la vida de miles de personas inocentes.

Jack volvió a la realidad cuando oyó decir a Asbel:
- La organización Muerte extrajo de esos pequeños meteoritos la sangre y los genes pertenecientes al ser supremo, y con ello descubrió la forma de alcanzar la perfección…nosotros, la organización Muerte, somos los seres más completos y perfectos del mundo…porque casi rozamos el poder de los dioses.
El mago observaba horrorizado la expresión maligna de su enemigo. Nunca antes lo había visto de esa manera, y supo entonces que ya no era el mismo compañero que luchaba junto a él en la resistencia contra Ludmort.
- Asbel, tú…
La sonrisa maléfica y los ojos llenos de oscuridad del espadachín delataban su aura maligna:
- ¿Por qué quedarnos en nuestra forma actual cuando podemos ser perfectos? ¿Por qué no evolucionar? ¿No es, el ser humano, ya de por sí débil?- rió el hombre de negro endemoniadamente- ¡¡ése es el objetivo al que aspira mi señor todopoderoso…que sólo los seres más completos y perfectos gobiernen en el reinado del nuevo mundo…hasta el final de los tiempos!!
Jack escuchaba atónito las palabras del espadachín oscuro, y finalmente no pudo aguantar más. Logró sobreponerse y gritar con firmeza:
- ¡¡Asbel, estás loco…la organización Muerte hace daño a la gente y experimenta con humanos, convirtiéndolos en horribles monstruos…no buscan la paz!!- y luego añadió, con decisión- ¡¡No existe la perfección!!

En ese mismo momento el espadachín corrió rápidamente hacia él, sin darle tiempo a reaccionar. Jack contempló perplejo cómo Asbel se acercó y, empuñando su arma, atravesó con ella el hombro derecho del mago, mientras un charco de sangre caía a los pies del mago:
- Asbel… ¿por qué?- preguntó éste, malherido.
El hombre de negro tardo un poco en responder. Lo miró a la cara con profunda rabia e ira en sus ojos:
- Porque no conoces esa sensación de rabia e impotencia, al saber que por mucho que te esfuerces, nunca alcanzarás a alguien…tú siempre me superabas, Jack…eras mejor que yo en casi todos los sentidos: como luchador, como persona…y como amigo...incluso tenías compañeros que te protegían y ayudaban…- hizo una pausa antes de continuar- todas esas cosas son las que originaron mis ansias y avivaron el odio que siento por ti…convirtiéndote desde entonces en mi rival…
El mago escuchaba, asombrado, las palabras de su enemigo:
- Siempre me esforzaba, pero era inútil…nunca lograba superarte en nada…no entendía por qué alguien como tú, que siempre reía y le daba más importancia a los demás que a uno mismo, conseguía ser más fuerte que yo, que me pasaba la mayor parte del tiempo sudando y entrenando hasta desmayarme…
- Asbel…
El hombre de negro retiró su espada, y con la mano libre que tenía agarró con ella el cuello de Jack, levantándolo del suelo:
- Sin embargo, eso ya no importa…- dijo el espadachín, con rabia e ira- ahora que por fin he encontrado la forma de hacerme más fuerte, te demostraré que soy el más poderoso de los dos… ¡¡gracias a la organización Muerte, ahora comprobarás que soy perfecto e invencible!!
Jack no podía escuchar más las insensateces de su enemigo, y finalmente exclamó con decisión y firmeza:
- ¡¡Asbel!! ¿¡Te das cuenta de lo que estás haciendo!? ¡¡Si mueren los elegidos, no habrá nada ni nadie que detenga a Ludmort y moriremos todos!!
- ¡¡Me da igual!!- cortó tajante el hombre de negro- ¡¡No me importa lo más mínimo lo que le pase a este mundo…sólo me importa conseguir un poder mayor y hacerme más fuerte!!- luego añadió, con rabia- y para eso… ¡¡tengo que vencerte!!
Jack intentó liberarse de la mano de Asbel, que oprimía su cuello con fuerza, pero era demasiado dura y fuerte. Además de eso, tenía debilitado el brazo derecho debido a la herida que le había hecho su enemigo con la espada, y de la cual brotaba mucha sangre. El espadachín se dio cuenta, y lo empujó brutalmente con una fuerza sobrenatural un poco más lejos:
- Esta vez terminaremos nuestra pelea de una vez por todas…
Asbel corrió rápidamente hacia Jack mientras éste trataba de aguantar todo lo posible el dolor de su hombro derecho, entre gemidos de dolor. Levantó de nuevo la mirada a su enemigo, dolorido:
- ¡¡Te mataré!!- gritó con furia el hombre de negro.
En un vano esfuerzo, Jack intentó defenderse con su arma, pero fue inútil. La gran espada hacha de Asbel partió a la mitad su bastón mágico, y con un grito de dolor el mago sintió cómo el filo de su espada le rajaba dolorosamente el pecho, un brazo y una pierna.

Eduardo se levantó a duras penas, moviendo ladrillos y quitándose con enorme esfuerzo lo grandes restos de escombros que lo aprisionaban. Cuando por fin se quitó de encima los ladrillos de pared, el chico se puso en pie y, preocupado, buscó con la mirada a sus amigos. Su rostro palideció en cuanto vio al mago un poco más lejos caer envuelto en sangre al suelo:
- ¡¡Jack!!- gritó el joven.
La distracción fue su peor error, ya que en ese mismo momento recibió un duro golpe de la criatura por detrás, que le hizo impactar brutalmente contra el suelo. Antes de que pudiera reaccionar, el monstruo contraatacó con una nueva serie de ataques con sus tentáculos, que dañaron e hirieron gravemente a Eduardo mientras éste gritaba en medio de una desmesurada tormenta de dolor.
Después de atravesar y destruir varias casas en ruinas a su paso por los continuos golpes de su enemigo, el chico finalmente acabó tirado en el suelo, a la entrada de la plaza central de la ciudad olvidada. Tenía todo el cuerpo herido por la brutal paliza recibida, y con sangre brotando de sus magulladuras. Estaba mareado y sentía que poco a poco se iba debilitando.
Al girar la cabeza, suspiró al ver que el monstruo ya no le prestaba atención y le había dado un minuto de respiro. Seguramente pensaba que ya estaba muerto, al no moverse, y caminó rumbo a un nuevo objetivo. Sin embargo, las preocupaciones del joven volvieron de nuevo al descubrir que la criatura se dirigía hacia un cuerpo, bastante más lejos, inerte y gravemente herido:
- “¡¡Oh, no!!”- exclamó Eduardo, horrorizado- “¡¡Va a por Erika!!”
Desde su posición no podía saber si la chica estaba inconsciente, o por el contrario, muerta. En cualquier caso, sabía que tenía que hacer algo para distraerlo, y deseaba con todas sus fuerzas que su compañera siguiera viva.
Volvió la vista en todas direcciones, pensando rápidamente en algo, mientras la aberración se acercaba a la chica. Al fijarse en el templo del centro de la plaza y ver el cuerpo inerte de Marina en el suelo, al joven se le encendió una bombilla en la cabeza:
- “¡¡Quetzal!!”- pensó el chico- “¡¡Eso es…sólo él puede enfrentarse a este monstruo!!”
El joven no lo dudó ni un instante. Reunió las pocas fuerzas que le quedaban para levantarse y echar a correr todo lo más rápido que le permitían sus piernas malheridas.
La criatura enseguida se dio cuenta de que su otra presa seguía viva, y corría hacia el templo de la plaza. Eduardo notó cómo el monstruo muy pronto le alcanzaba y le pisaba los talones, con un grito de furia. No tardó en recibir el primer golpe de tentáculo, que lo envió rodando por el suelo un poco más lejos.
A pesar del terrible dolor que sentía, el chico volvió a levantarse, decidido a conseguir lo que se proponía. De esa forma comenzó una brutal tortura, en la que el monstruo golpeaba sin piedad al joven mientras éste se levantaba una y otra vez y corría directo al templo. Sus gritos de dolor cada vez que recibía un golpe de la criatura eran atroces y sangrientos.
En el último tramo, un fuerte azote de su enemigo hizo que le fallaran las piernas, y a pocos metros de Marina tuvo que arrastrarse con los brazos. Cuando por fin llegó hasta la maga sagrada, el monstruo lo aplastó brutalmente contra el suelo mientras Eduardo gritaba de dolor como nunca antes lo había hecho.
Con las últimas e ínfimas fuerzas que le quedaban, el chico cogió la esfera de invocación en su mano y pronunció, con esfuerzo:
- Quetzal…ayúdanos…por favor…
Eduardo empezó a verlo todo oscuro, y mientras cerraba los ojos, deseó que todo aquel esfuerzo no hubiera sido en vano, antes de desmayarse y perder completamente el conocimiento.
Tras las palabras del joven, y justo después de que se desmayara, la esfera amarilla que había en su mano comenzó a brillar misteriosamente, cada vez con más fuerza e intensidad. De repente un rayo de luz salió del colgante de Marina hacia el cielo, y tras varios destellos, la neblina que protegía la ciudad olvidada cobró forma de nubes oscuras. De esa forma empezó una tormenta eléctrica que cubrió toda la ciudad en ruinas.
En medio de los numerosos rayos y truenos, y tras la caída de uno de éstos, surgió imponente el guardián de la fuerza, que se apareció ante el monstruo deforme con las alas extendidas mientras desprendía descargas eléctricas. Después de un grito de furia por parte de ambos, comenzó la lucha entre estos dos oponentes en el escenario de la antigua ciudad olvidada.

Jack abrió poco a poco los ojos. Sentía un fuerte dolor por todo el cuerpo, y no tenía fuerzas para levantarse. Todo a su alrededor parecía distorsionarse, y no le extrañaba al verse el pecho y sus extremidades heridas. Estaba gravemente herido y perdía mucha sangre por momentos. Sabía que de no aplicarse la magia cura a sí mismo, no aguantaría mucho tiempo más. Levantó la mirada respirando entrecortadamente, y pudo ver a Asbel caminando lentamente hacia él, con su espada ensangrentada en la mano.
Algo le llamó la atención al notar cómo temblaba el suelo, y en medio de una tormenta eléctrica, luchaba el G.F. del rayo contra el monstruo deforme:
- Quetzal…- dijo el mago, casi sin aliento, cuando descubrió la feroz batalla de las bestias.
Al fijarse mejor, pudo ver a sus compañeros un poco más lejos. Todos estaban gravemente heridos, igual que él, con la única diferencia de que estaban inconscientes. Cuando se fijó en el joven elegido de la llave espada, con la esfera de invocación en la mano, Jack descubrió entonces que fue él el que invocó al G.F. A juzgar por el lamentable estado de su cuerpo, debía de haber recibido una dura paliza, en su intento por llamar a Quetzal:
- Eduardo…
Al lado del chico se encontraba Marina, también desmayada e inerte. Su largo pelo oscuro cubría y ocultaba su rostro, y el mago no pudo evitar lamentarse por la situación en la que se encontraban:
“Lo siento, amigos”- pensó Jack- “todo esto es por mi culpa…no he sabido protegeros a todos como líder…la misión ha fracasado, no hemos podido recuperar la piedra angular ni tampoco salvar a los elegidos…”- y luego añadió, con pesar y profunda derrota- “Perdóname, maestro Mirto, por no salvar Limaria”.
Observó por unos segundos a la maga sagrada, y su corazón se encogió de repente al pensar que aquel era su final:
“Marina…todos mis sueños, mis esperanzas, mis ganas de vivir…se desvanecen si tú no estás…por favor…no me dejes sólo…quédate conmigo…quiero verte, al menos una vez más…”

Algo distrajo a Jack, que lo apartó de sus pensamientos. Volvió la vista al espadachín oscuro, que se detuvo frente a él, y éste le dijo con una sonrisa maliciosa:
- Vamos, Jack… ¿de verdad piensas que me voy a creer que ya ha acabado todo? Te conozco desde hace años, y sé que nunca te rendirías tan fácilmente- luego alzó la voz a modo de advertencia, y le ordenó- aún sigues vivo… ¡¡vamos, levántate!!
El mago cambió radicalmente de expresión, tornándose su rostro en una expresión de rabia y furia contenida. Mientras se levantaba, buscó en lo más profundo de su alma todo el odio que había acumulado durante tantos años:
“Asbel…”- pensó Jack, con rabia- “al destrozar mi corazón has roto el lazo de amistad que nos unía…ahora te odio, mucho más de lo que nunca una persona puede llegar a odiar…”- luego apretó los puños, con fuerza- “pagarás por esto…ten por seguro que no tendré piedad ni compasión… ¡¡porque jamás te perdonaré por lo que has hecho!!”
Cuando por fin el mago se puso en pie Asbel no pudo evitar sentir un escalofrío. Algo había cambiado de forma radical en Jack. Su mirada había pasado de ser dulce y compasiva a seria y oscura. Aquel cambio de estado sorprendió mucho a Asbel:
- Ya era hora- comentó el hombre de negro- pensé que no ibas a levantarte nunca.
Jack se aplicó a sí mismo la magia cura y logró sanarse un poco de sus heridas, a pesar de que todavía brotaba sangre de ellas. Al extender su brazo apareció en su mano, en pocos segundos, un nuevo bastón mágico cristalino y resplandeciente, creado a partir de su propio flujo de aura mágica:
- Te arrepentirás de esto…- amenazó el mago, sin vacilaciones- haré que supliques por tu vida.
Parecía que el verdadero combate iba a empezar. Ambos luchadores estaban dispuestos a darlo todo en aquel combate a muerte:
- Eso habrá que verlo- respondió su enemigo, desafiante.

Sin más palabras, comenzó la batalla final entre ambos oponentes. Jack corrió rápidamente hacia Asbel a la vez que le lanzaba un ataque mágico. La ofensiva del mago fue inútil, ya que su enemigo llevaba puesto de antemano un escudo mágico. El resultado acabó en una explosión, acompañado de una pequeña humareda que envolvió a los dos enemigos:
- ¿Y eso es todo lo que sabes hacer?- sonrió el espadachín, envuelto en el humo negro- ¡¡venga Jack, no estamos en una sesión de entrenamiento…demuéstrame que peleas en serio!!
- ¡¡Y eso haré!!- respondió el otro, camuflado por la humareda.
De repente el mago surgió de entre el humo negro, detrás de él y dispuesto a golpearle con su nueva arma. Asbel logró girarse y bloquear a tiempo su ataque, quedando los dos cara a cara:
- Sigues usando la misma táctica que en los entrenamientos, y te aseguro que esa ridícula estrategia tuya no te servirá de nada esta vez… ¡¡no has cambiado nada!!
El mago, con una sonrisa pícara y la mirada firme y decidida, respondió con unas breves palabras:
- Compruébalo tú mismo.
Para sorpresa de Asbel, Jack dio un sorprendente giro rápido que le pilló desprevenido, y lo golpeó con fuerza en un costado con el bastón mágico. A continuación le propinó una serie de golpes continuos: entre ellos varios puñetazos, un rodillazo en el estómago y un par de patadas. Estando el hombre de negro aturdido por tan repentino cambio en su enemigo, Jack hizo brillar su bastón mágico de cristal diciendo:
- ¡¡Rompeescudo!!
El mago le golpeó de lleno con su arma con tanta fuerza que lanzó a Asbel disparado al interior de la ciudad en ruinas, derribando las casas que encontraba a su paso.

Malherido, con magulladuras y escupiendo sangre, el espadachín se levantó de entre los escombros y vio a su enemigo un poco más lejos correr rápidamente hacia él:
- ¡¡A ver qué te parece esto, Jack!!- exclamó el hombre de negro.
Con el brazo extendido y la mano abierta, Asbel usó una onda expansiva oscura contra su oponente. A pesar de darle de lleno y enviarlo por los aires un poco más lejos, el mago no desistió en su intento por llegar hasta él, de modo que se levantó de nuevo y siguió corriendo.
Viendo que no tenía ninguna intención de rendirse, Asbel blandió su espada en el aire y le lanzó unas nuevas ondas a Jack, con la diferencia de que éstas cortaban como cuchillas. Las ondas acertaron de lleno y rajaron el cuerpo del mago, mientras le rasgaba la ropa y la capa, y su sangre salpicaba.
Asbel se horrorizó enseguida al ver boquiabierto cómo, a pesar del dolor que sentía, Jack seguía corriendo hacia él, imparable. Ni siquiera las ondas oscuras lograban detenerle:
- ¡¡No…no puede ser…no es…posible!!- dijo el hombre de negro, perplejo.
Reaccionó a tiempo para tratar de asestarle un mandoble con el filo de su espada, cuando el mago finalmente llegó hasta él. Sin embargo, Jack esquivó su ataque con facilidad, y antes de que su enemigo pudiera reaccionar, le pegó un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas, rompiéndole la nariz y enviándolo rodando por el suelo un poco más lejos.

Asbel ni siquiera tuvo tiempo para levantarse antes de que el mago continuara con su masacradora ola ofensiva, esta vez con ataques mágicos:
- ¡¡Aero+!!- gritó Jack.
Una potente ráfaga de viento se llevó por los aires al espadachín y lo lanzó disparado, destrozando varias casas a su paso:
- ¡¡Gravedad+!!- exclamó de nuevo el mago.
Esta vez un espacio gravitacional rodeó el cuerpo de Asbel, que le hizo levitar unos segundos en el aire mientras sentía cómo perdía gran parte de su energía y vitalidad.
Finalmente Jack se dispuso a rematar el combo mágico con un último ataque, el golpe de gracia. Acumuló energía mágica en su bastón de cristal mientras Asbel contemplaba horrorizado que no podía moverse y estaba completamente a merced de su enemigo. Estando bajo el hechizo gravedad no tenía escapatoria.
Fue entonces cuando Jack, teniendo su último ataque cargado a tope, al fin gritó con firmeza y decisión:
- ¡¡Fulgor!!
El mago provocó con su ataque una tremenda y poderosa explosión. Ésta barrió y destruyó las numerosas casas que había a su alrededor, seguido de una kilométrica humareda que abarcó una cuarta parte de la expansión total de la antigua civilización Numu. No quedó ni rastro de los hogares donde se produjo la explosión con uno de los hechizos de magia negra más poderosos.

Jack se mantenía en pie, agotado y jadeando del cansancio. Había necesitado una gran cantidad de magia para realizar aquel ataque, que pocos magos en el mundo lo dominaban, y le había costado sus últimas reservas de magia. Necesitaba urgentemente un éter, pero no llevaba ninguno encima, y todos sus amigos estaban debilitados, fuera de combate. Miró con tensión e intriga al enorme humo negro que tenía frente a él:
- ¿Lo he…conseguido?- se preguntó el mago, respirando con esfuerzo.
Pasaron varios segundos de profundo silencio, sin respuesta por parte de Asbel. Parecía el final del combate. Fue entonces cuando Jack suspiró, bajó su arma y dio media vuelta, dispuesto a marcharse.

Sin embargo, lejos de lo que imaginaba, el combate aún no había terminado.

De repente, de entre el humo negro salió disparada la espada hacha de su enemigo, que hirió a Jack por detrás y le atravesó un costado. El mago cayó de rodillas al suelo mientras gritaba de dolor y un charco de sangre caía a su alrededor. Con profundo dolor, se agarró el mango de la espada por detrás y tiró con fuerza de ella hasta arrancársela del cuerpo. Dio media vuelta y observó horrorizado cómo surgía Asbel de la humareda.
Sin embargo, algo en él había cambiado, algo exterior que estremecía por completo el corazón de Jack, tornándose el rostro del mago en palidez y terror, con la boca abierta. Media cara de Asbel se había vuelto grisácea, y el ojo del lado transformado se había convertido en negro, manteniendo el iris marrón origina de su forma normal.
Tras fijarse mejor, Jack descubrió que el cambio de color de su piel se debía al extraño sello que tenía el espadachín en su cuello, que brillaba intermitentemente en rojo. Fue entonces cuando recordó el combate contra Lectro en Nautigh, cuyo miembro de la organización Muerte también aumentó su poder usando la influencia del sello maldito. Enseguida comprendió el estado que estaba afectando a su enemigo:
- Asbel…tú…
El espadachín sonreía maléficamente. A pesar de tener el manto negro de la organización rasgado, destrozado y de sangrar considerablemente, no parecía preocuparle las heridas que le había hecho su rival:
- ¿Sorprendido, Jack? Sólo unos pocos elegidos de corazón oscuro pueden disfrutar del extraordinario poder del sello maldito… ¡¡del sello de Ludmort!!
- ¡¡Asbel, no sigas!!- exclamó el mago- ¡¡el uso de ese poder te matará!!
El hombre de negro soltó un par de carcajadas burlonas, antes de decir con una sonrisa diabólica:
- ¿Matarme? ¡¡Pero si no soy humano…ya estoy muerto!!

El espadachín hizo que reaccionara el sello de su cuello, que comenzó a brillar de rojo peligrosamente con más fuerza que antes:
- ¡¡Mírame bien, Jack!!- gritó Asbel- ¡¡Contempla con tus propios ojos el poder de la muerte…la perfección en su máximo y todopoderoso nivel!!
El mago observó, horrorizado, cómo el que había sido su compañero durante años, sufría una transformación que lo cambiaría para siempre sin remedio. Asbel hizo que el sello de su cuello se extendiera por todo su cuerpo, cambiándole por completo el color de la piel y de los ojos.
Unas siniestras espadas oscuras brotaron de los codos, los hombros, las rodillas, los tobillos y la espalda de Asbel. La sangrienta y evolucionada espada hacha de él mismo en su versión oscura, que se extrajo y arrancó de su pecho, le dio el toque final y terrorífico a su transformación.
Jack no podía evitar temblar de miedo ante el nuevo monstruo con forma humana que tenía delante de él. Sin duda se enfrentaba a un nuevo desafío fuera de sus posibilidades, ya que Asbel había aumentado increíblemente su poder hasta niveles casi sobrehumanos.

El nuevo y monstruoso Asbel se lanzó a atacar al mago, que aturdido por el dolor de su costado ensangrentado, no podía moverse. Trató de bloquear los tres o cuatro filos de espada que lo amenazaban, pero fue inútil. Con su bastón mágico sólo pudo detener la espada hacha principal, mientras que el resto de hojas de acero del cuerpo de Asbel rajaron sin piedad el torso y las extremidades de Jack. Seguidamente el monstruo de negro le propinó otro mandoble con su espada hacha, y con su fuerza brutal lo lanzó disparado bastante más lejos, mientras destruía casas en ruinas a su paso.

Jack estaba en las últimas, casi debilitado, exhausto y mareado. Sus extremidades no le respondían, y podía ver que perdía mucha sangre por momentos. Sabía que no aguantaría mucho tiempo más, que muy pronto perdería el conocimiento y finalmente moriría. Aquella vez supo que ya nada serviría contra su enemigo, que sólo un milagro podía hacer que ganara aquel combate:
- Esto…se acabó…he perdido…- dijo el mago, respirando ntrecortadamente- hs ganado…Asbel…
El hombre de negro se acercó caminando a él, amenazante con su espada en la mano. Sonría maliciosamente diciendo:
- ¿Ahora estás convencido, Jack? Por fin, después de tantos años, he conseguido demostrar cuál de los dos es el más fuerte… ¡¡por primera vez, soy yo el que se alza victorioso ante ti!!
El mago trataba de mover sus extremidades, intentando ponerse en pie. Sin embargo, otra de las afiladas hojas de acero atravesó uno de los pulmones de Jack, mientras éste gritaba agonizado de dolor:
- Pero no es suficiente…demasiadas derrotas durante tantos años no sirven para saciar mi sed de venganza…- dijo el monstruo de negro con rabia- ¡¡sólo tu muerte logrará consolarme…la desaparición de tu mera existencia!!
Sin compasión ni piedad por el tremendo dolor que sentía Jack, Asbel lo obligó a levantarse con dureza y hostilidad, aún con su espada atravesándole el pecho. Cuando por fin se puso en pie, el espadachín retiró su arma ensangrentada del cuerpo de su enemigo, mientras éste vomitaba sangre por la boca. Apenas podía mantenerse en pie:
- ¿Sientes el mismo dolor que sentía yo al no poder vencerte? ¿Sientes la misma frustración? ¿La misma desesperación?- le preguntó, con profundo odio- ¿la misma rabia al sentir que nunca podía llegar a ser perfecto?
Tosiendo y con muchísimo esfuerzo, Jack pronunció casi sin palabras:
- Te equivocas…Asbel…
- ¿¡Qué!?- exclamó furioso el espadachín.
- Tú mismo…lo dijiste…la perfección…es algo ilusorio…no existe…- y luego añadió, esboxando una media sonrisa firme- aún…no has ganado…este combate…
Asbel no pudo evitar mostrar una expresión de sorpresa y perplejidad. No entendía cómo su enemigo podía sonreír estando en una situación como aquella:
- ¡Ya estás delirando! ¿Eh, Jack?- comentó el tipo de negro, tras soltar una carcajada- ¿Acaso no te has visto? ¡Estás a pocos minutos de morir desangrado y apenas puedes mantenerte en pie!
El mago siguió sonriendo mientras decía:
- Te crees…muy fuerte…con tu nuevo poder…pero en realidad…no has cambiado nada…sigues siendo igual de débil…o incluso peor…
Asbel empezaba a enfadarse. Con cada palabra que decía Jack, más apretaba los puños y los dientes:
- En el fondo, muy dentro de ti…sabes que…por muy fuerte que te hagas…nunca me superarás…jamás lograrás vencerme…porque entre nosotros…hay una gran diferencia…y estoy seguro…de que tú lo sabes de sobra… ¿no es cierto…Asbel?- y después, añadió- lo que nos diferencia es…
Asbel no podía aguantarlo más. Dejó explotar su rabia y furia, y se lanzó a atacar a su enemigo gritando:
- ¡¡Cállate y muere de una vez!!
Jack cerró los ojos, sonriendo y esperando aceptar su muerte a la cara, de frente y con valentía. No quería morir como un cobarde. Sin embargo, aún no había llegado su hora.

Antes de que las espadas de Asbel lo alcanzaran, una descarga eléctrica bloqueó el ataque y electrocutó a su enemigo, lanzándolo un poco más lejos. El mago abrió los ojos de repente, al sentir que en ese momento se recuperaba rápidamente y le volvían las fuerzas como un explosivo torrente de vitalidad. Sentía cómo recuperaba sus niveles de magia, y ya no estaba tan débil como antes:
- ¿Pero qué…?- dijo Jack, completamente perplejo.
Tenía una sensación cálida y agradable por dentro. Sin saber cómo, enseguida supo de dónde provenía aquella fuente de energía, y dio media vuelta. Encontró al legendario guardián de la fuerza, mirándole fijamente mientras batía sus alas:
- ¿Quetzal?- preguntó el mago, asombrado.
No tardó en darse cuenta de que había sido él el que le recuperó magia, y también parte de su vitalidad. Confuso y extrañado, le preguntó a la criatura mítica:
- ¿Quetzal…por qué? Yo no soy tu portador…
La gran ave legendaria señaló con la cabeza a Marina, que yacía inconsciente en el suelo un poco más lejos. Fue entonces cuando el mago finalmente lo comprendió todo, y sonrió diciendo:
- Ya entiendo…has sentido lo mucho que me importa ella, y por eso has decidido confiar en mí, prestándome parte de tu fuerza.

Era algo extraño y poco frecuente que un G.F. protegiera a otra persona que no fuera el portador de su propia esfera. Sólo podía darse esta condición si existían fuertes lazos de unión y sentimiento entre el portador del objeto de invocación y la otra persona, requisito bastante difícil de lograr.

Con sólo mirar al guardián de la fuerza, Jack comprendió lo que quería transmitirle Quetzal:
- Entiendo…quieres que acabe con todo esto… ¿verdad?
El ave asintió con la cabeza, y el mago cerró los ojos por un momento:
- Está bien…lo haré por ti…por ellos…y por Marina…
Quetzal retomó su lucha contra el monstruo deforme, mientras que Jack abrió de nuevo los ojos y volvió la vista a su enemigo. Su mirada firme y decidida dejaba entrever claramente que estaba seguro de sí mismo:
- Asbel…tu egoísmo, ambición y malvadas intenciones han llegado a su fin…no permitiré que hagas daño a nadie más… ¡porque yo mismo voy a detenerte aquí y ahora!
El espadachín, ya por fin en pie, observó con profundo odio y rabia cómo el bastón mágico de cristal de su enemigo comenzó a brillar con intensa fuerza, y cada vez acumulando más energía mágica:
- ¡¡Ni lo sueñes, Jack!!- gritó Asbel- ¡¡soy un ser completo y perfecto…esta vez no dejaré lo hagas…porque voy a matarte ahora mismo!!
El monstruo de negro gritó de furia, y en ese momento todas las hojas de acero de su cuerpo empezaron a brillar con una siniestra luz. El suelo comenzó a temblar, y justo después de un gesto de su arma, cientos de miles de filos de acero surgieron del suelo, desordenados y afilados como cuchillas, en dirección al mago.
A pesar del hechizo coraza que se aplicó Jack a sí mismo, varios de los filos de oscuridad lograron atravesar la barrera y herir a Jack, con un gemido de dolor. A continuación, Asbel corrió directamente a darle el golpe de gracia a su enemigo, con un grito de furia.

“Este es el final…”- pensó Jack- “De este último movimiento se decidirá al vencedor del combate…con este último ataque se acabará todo…al fin…”
El mago siguió cargando energía con la magia que le había prestado Quetzal, mientras el monstruo de negro se acercaba rápida y peligrosamente a él. Cuando por fin Asbel estaba frente a él, gritó de furia:
- ¡¡Muere!!
En ese entonces Jack también terminó de cargar el ataque mágico, y sin dudarlo ni un instante, conjuró uno de los hechizos de magia negra más poderosos con las siguientes palabras:
- ¡¡Fulgor+!!
Ambos ataques colisionaron al mismo tiempo en una frenética explosión mucho más masiva y destructora que la anterior. Toda la ciudad olvidada tembló como si de un terremoto se tratara, y la increíble onda expansiva empujó brutalmente rodando los cuerpos inertes de Marina, Eduardo y Erika.
Incluso el monstruo deforme que luchaba ferozmente contra Quetzal sucumbió al ataque y por unos segundos quedó aturdido, momento que el ave legendaria aprovechó para atacarle. Usando su límite final, Quetzal hizo que una poderosa tormenta eléctrica de rayos y truenos acabara finalmente y para siempre con la vida de quién fue una vez un ser humano.


Tras la tempestad, vino la calma. El G.F: del rayo, viendo que la batalla había terminado, batió por última vez sus alas y las extendió antes de verse envuelto en una misteriosa luz que le devolvió al interior de la esfera de invocación que llevaba Marina. Con la desaparición del guardián de la fuerza, el cielo oscuro de nubes volvió a convertirse en la niebla que cubría la parte superior del agujero continental.

Eduardo despertó, abriendo poco a poco los ojos. Estaba cansado, agotado y exhausto. Con esfuerzo y apenas fuerzas para moverse, cogió una ultrapoción de su bolsillo y se la bebió mientras le temblaban las manos. Muy pronto notó sus efectos, y no tardó en levantarse con mayor facilidad. Su cara mostró sorpresa y asombro al girarse en todas direcciones:
- ¿¡Pero qué…qué ha pasado!?- dijo con la boca abierta, todavía sin creerse lo que veía.
La antigua ciudad olvidada de los Numu había dado un sorprendente cambio radical. Habían dos enormes boquetes gigantes provocados por dos, al juzgar por su tamaño y profundidad, increíbles explosiones. Las numerosas casas en ruinas que se esparcían a lo largo de todo el agujero continental ya no eran más que escombros y restos inservibles. La ciudad olvidada había sido borrada del mapa para siempre. Ya no existía rastro alguno de los Numu ni de su civilización en el transcurso de la historia de la humanidad.

El chico miró mejor en todas direcciones, buscando a sus amigos malheridos. No tardó en divisar a lo lejos un cuerpo que reconoció al instante:
- ¡¡Erika!!- exclamó él, con preocupación.
Corrió hasta ella deseando con todas sus fuerzas que siguiera viva. Se agachó junto a ella y apoyó la cabeza de la chica en uno de sus brazos:
- ¡¡Erika, Erika despierta!!- la sacudió él- ¡¡por favor, no te duermas ahora!!
Tras varios intentos y profunda tensión y desesperación al pensar que quizá estaba muerta, sonrió de oreja a oreja al ver que la chica tosió y comenzó a respirar mientras abría poco a poco los ojos. Lo miró con una expresión parecida a alguien que tenía mucho sueño y acababa de levantarse de la cama:
- Edu… ¿qué ha…pasado?- preguntó, agotada y exhausta- sólo recuerdo…al monstruo…la magia escudo…y después verlo todo…de negro…
Fue entonces cuando Eduardo comprendió la situación. La chica usó como último movimiento, antes de que la atacara el monstruo, el hechizo escudo sobre sí misma. Tal acción fue lo que la mantuvo con vida, porque de no haberlo hecho, posiblemente habría muerto durante la gran explosión:
- Eso ya no importa…- le dijo él, que sacó de su bolsillo otra ultrapoción para ella- bebe esto, te sentirás mejor.
Viendo que la chica no tenía fuerzas ni para mover los brazos, él mismo la levantó un poco y le hizo beber despacio el brebaje de curación. Enseguida se recuperó y encontró mejor, al menos para moverse.
Cuando se puso en pie junto a Eduardo, preguntó preocupada:
- ¿Dónde están los demás?
- No lo sé- respondió él, también intranquilo, que luego añadió decidido- ¡¡vamos, tenemos que encontrar a Jack y a Marina!!
Erika asintió con la cabeza, y los dos corrieron por el lugar en busca de sus amigos, perdidos entre los restos de la ciudad olvidada.

Jack caminaba lentamente por el enorme agujero que había provocado su ataque. Estaba malherido, pero todavía podía andar. Se acercó a un cuerpo tumbado boca arriba en el suelo, y se detuvo a unos pasos de él.
El estado de Asbel era ahora lamentable. Todos los filos de espada que salían de él estaban partidos por la mitad, tenía muchísimos rasguños y magulladuras por todo el cuerpo, y su manto negro de la organización estaba completamente destrozado.
Asbel soltó un espumarajo de sangre por la boca, y a juzgar por el estado de su cuerpo, Jack dedujo que debía de tener todos los huesos rotos. El mago sabía perfectamente que en aquella situación, ni siquiera la intervención de la magia curativa podía hacer nada:
- Nunca podré vencerte… ¿verdad?- preguntó el espadachín.
Jack se quedó observándolo durante un rato, mientras su enemigo hablaba con esfuerzo:
- Siempre había creído…que la fuerza era el único medio…para conseguir cualquier cosa…que si me hacía más fuerte…nada ni nadie podía impedirme avanzar…seguir adelante…- tosió bruscamente y escupió sangre de nuevo- hasta que apareciste tú…y con tu despreocupada y tranquila vida normal…me enseñaste…que no todo en el mundo son peleas, combates y batallas…y que las risas y la alegría…también son formas de hacerse más fuerte…
El mago seguía mirándole, escuchando con atención las que serían sus últimas palabras:
- No lograba entender tu modo de entrenar…tu forma de aprovechar y vivir la vida…hasta el día de hoy…porque sé que nunca podré saborear esa alegría…- tosió de nuevo, mientras respiraba entrecortadamente- ahora por fin me doy cuenta…de lo que intentabas decirme…y ahí es exactamente…donde se ubica nuestra gran diferencia…
Finalmente Jack decidió hablar, terminando la frase inacabada de su enemigo:
- El deseo de proteger a nuestros seres queridos de todo mal…el fuerte lazo que nos une a ellos…eso es precisamente lo que nos hace más fuertes…
Asbel tosió bruscamente, y por la mirada seria del mago, supo que éste le tenía el mismo odio que él cuando era humano:
- Sé que no puedo reparar mis actos…y también que jamás podrás perdonarme…no espero tu perdón…ni tampoco que lo entiendas…- y luego esbozó una media sonrisa- sólo quiero darte las gracias…por este último combate…ha sido el mejor de toda mi vida…
- Asbel…si no hubieras elegido el camino de la oscuridad, las cosas podrían haber sido muy diferentes…
- Lo sé…- respondió el espadachín, tras toser con brusquedad- pero ya todo está hecho…este es el camino que he elegido…con todas sus consecuencias…
El hombre de negro estaba en el límite, sabía que le quedaba poco tiempo. Sonrió hasta el último momento, mientras pronunciaba sus últimas palabras:
- Adiós, Jack…nos veremos en el infierno…
Tras eso, finalmente cerró los ojos y exhaló el último respiro que acabó con la vida del espadachín oscuro para siempre:
- Adiós, Asbel…- respondió el mago, a su vez.

En ese momento Jack oyó unas voces a sus espaldas, gritando su nombre, y se sorprendió al oírlas. Dio media vuelta y encontró no muy lejos a los dos jóvenes elegidos de las armas sagradas. El mago corrió a reunirse con ellos y los abrazó con fuerza mientras decía, temblando de felicidad:
- ¡Gracias a los dioses…menos mal que estáis bien!- dijo Jack, con los ojos llenos de lágrimas- ¡Pensaba que habíais muerto!
- ¡Nosotros también!- respondió Erika, también emotiva- ¡Casi no lo contamos!
En ese momento Eduardo recordó que faltaba una persona, y con un hilo de voz preguntó, inseguro:
- ¡Esperad! ¿¡Dónde está Marina!?
Sus compañeros reaccionaron enseguida, y recordaron el momento en que la maga sufrió el ataque de Asbel:
- ¡¡Vamos, rápido!!- exclamó Jack- ¡¡tenemos que encontrarla!!
Los dos jóvenes asintieron con la cabeza, y junto a Jack, corrieron gritando el nombre de la Numu a los cuatro vientos mientras buscaban con la mirada en todas direcciones. Deseaban con todas sus fuerzas que siguiera viva, y que pudieran llegar a tiempo para recuperarla.

No tardaron demasiado en encontrar un poco más lejos un cuerpo con ropa azul y pelo oscuro, tirado en el suelo. Los tres la reconocieron enseguida:
- ¡¡Marina!!- gritó Jack.
Corrieron y se agacharon junto a ella. El mago apoyó la cabeza de la mujer en su regazo mientras la sostenía con sus brazos. Palidecieron al ver que tenía el estómago perforado y una gran hemorragia, imposible de detener. Jack sintió que estaba fría, y comenzó a llorar al ver que no respondía:
- No, por favor…- suplicaba- Marina…
En ese momento la mujer abrió poco a poco los ojos, y esbozó una media sonrisa al ver al mago preocupado por ella. Habló pronunciando con esfuerzo sus palabras:
- Jack…
Una sonrisa se dibujó en el rostro de él, que agarró con una de sus manos la de la maga, exclamando:
- ¡¡Marina, menos mal…pensaba que te había perdido!!- luego soltó su mano y la puso en el centro de la hemorragia- ¡¡tranquila, enseguida te pondrás bien…con la magia cura volverás a…!!
Para su sorpresa, la mujer detuvo su mano haciendo un enorme esfuerzo, mientras gemía de dolor:
- No…Jack…
- ¿¡Pero por qué!?- exclamó él, cada vez más asustado- ¡¡todavía tengo mucha magia…puedo curarte para que te pongas bien!!
- No funcionará…y lo sabes…- respondió Marina- esta herida…es demasiado grande…e incluso la magia…tiene un límite…- y sonrió diciendo- sabes que no sobreviviré…porque no sabes mentir…
- ¡¡Claro que vivirás!!- dijo Jack, temblando en sus propias palabras- ¡¡no permitiré que mueras…nunca!!
El mago puso su mano en la herida, y con las lágrimas cayendo por sus mejillas, empezó a aplicar la magia cura repetidas veces seguidas, sin resultado. Todos sus esfuerzos fueron inútiles, ya que Marina seguía igual e incluso peor. Estaba agotando en vano toda la magia que le quedaba.

Jack no paró hasta que Erika, también llorando igual que Eduardo, le gritó con las lágrimas rodando por sus mejillas:
- ¡¡Ya basta, Jack!!- alzó la voz, sollozando- ¡¡no funciona…y tú lo sabes mejor que nadie!!
El mago paró de repente, como si se hubiera liberado de un hechizo que lo había hipnotizado. Las manos le temblaban y sus ojos se llenaban cada vez más de lágrimas. Bajó la cabeza mientras apretaba los dientes y sus lágrimas caían como gotas en el vestido de Marina:
- Jack…- dijo la maga, con esfuerzo- los tres…tenéis que escucharme…por favor…
Sus amigos asintieron con la cabeza, con caras tristes, y escucharon atentamente a la Numu:
- Hice esto…porque Ludmort…iba a llegar a Limaria…dentro de una semana…
- ¿¡Qué!?- exclamaron los tres, sorprendidos y al mismo tiempo.
- Sabía que…no llegaríais a tiempo…para recuperar la piedra angular…y volver al templo sagrado…- tosió la mujer mientras soltaba un espumarajo de sangre por la boca- por eso…decidí hacer esto…
Marina gimió de dolor y tosió de nuevo varias veces, antes de continuar:
- Sólo soy…una maga sagrada novata y principiante…y mis poderes de Numu…no se pueden comparar a los de mis antepasados…por eso…sólo he podido pedir…un deseo equivalente a mi poder Numu…a cambio de mi propia vida…
A Jack, Eduardo y Erika les costaba ver en ese estado a su amiga, y lloraban desconsoladamente en silencio:
- Sé que yo sola…no puedo vencer a Ludmort…no puedo pedir su destrucción…pero al menos…he conseguido ganar algo de tiempo…quizá un par de meses más…- tosió de nuevo y continuó hablando- lo siento, amigos…siento mucho no ser de más ayuda…esto es todo lo que puedo hacer por Limaria y la Tierra...
Y mirando a Eduardo y Erika, dijo:
- Ahora el resto…depende de vosotros…
La mujer estaba en las últimas. Con enorme esfuerzo, pronunció:
- Amigos…sé que salvaréis el mundo de Limaria…estoy completamente segura…pero yo…no viviré para verlo…tendréis que continuar sin mi…
Y antes de despedirse, Marina miró al mago, a quién le dirigió sus últimas palabras mientras acariciaba su mejilla dulcemente con una mano:
- Jack…mi valiente mago…el que siempre ha estado a mi lado…apoyándome y protegiéndome…luchando contra todo mal…quiero que sepas que te quiero…y siempre te querré…- luego se quitó ella misma la esfera de invocación de Quetzal, y se la entregó a él- tómala…estoy segura de que él te aceptará como portador…no me cabe la menor duda…
El mago cogió la esfera amarilla en su mano, y volvió a mirar a la mujer, que le dijo con una media sonrisa:
- Jack…prométeme…que mi muerte…no impedirá que cumplas…con tus objetivos de guardián…prométeme que seguirás adelante con ellos…que salvarás Limaria…y que, pase lo que pase, vivirás…tal y como lo hacías antes de conocerme…prométemelo…

El mago tardó un poco en responder. Reunió las fuerzas y el valor necesarios para pronunciar, mientras lloraba:
- Te lo prometo…
La maga sonrió de felicidad por última vez, y cerró para siempre los ojos en un sueño eterno del que jamás despertaría. Su mano sin vida se separó de la mejilla de Jack y cayó como un peso muerto al suelo. Fue entonces cuando el mago rompió a llorar y gritó el nombre de su compañera entre sollozos, mientras la tristeza lo invadía todo a su alrededor.

Eduardo y Erika se levantaron y los dos se unieron en un fuerte brazo. Ambos lloraron juntos en silencio mientras sus ojos se humedecían y las lágrimas caían por sus mejillas.
Sin decir una palabra, la joven hundió su cabeza en el hombro del chico, y éste se quedó mirando a Jack con profunda tristeza reflejada en su rostro. Cerró los ojos y apoyó su cabeza en la de Erika, tratando de imaginar el terrible dolor que sentía el mago en aquellos momentos.
Su corazón roto ahora albergaba un profundo vacío, un vacío que nunca nadie podría rellenar jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario